Fotógrafos: Calvin Dexter

Desde que vi las fotografías de Calvin Dexter me enamoré de ella. Esa mezcla de naturalidad y sensualidad a partes iguales llamó mi atención rápidamente. Sus suaves bokeh y sus tonos cálidos son otros aspectos que también me llamaron mucho la atención.

Calvin Dexter

Así que decidí ponerme en contacto con el para proponerle este pequeño artículo, y realmente me sorprendió cuanto se ilusionó y comprometió desde el primer momento. A continuación os dejo lo que me contó de su propio puño y letra:

Nací en la década de los 70 en un pueblo pequeño cerca de Barcelona. Y aunque he vivido largas temporadas en otros países como Estados Unidos, Dinamarca y Tailandia, actualmente vivo en el pueblo que me vio nacer. Y la verdad es que no se está nada mal. Aunque sigo soñando que me llaman de alguna agencia de Nueva York y me subo al primer avión que sale…

Desde pequeño siempre me interesó todo lo relacionado con “contar historias”, “explicar cuentos”… es decir, la narrativa.

Recuerdo que solía sentarme con una libreta y un lápiz y empezaba a escribir alguna historia fantástica. Al poco rato pensaba que a las palabras les iría bien algo de imagen y entonces me ponía a dibujar los personajes de mis historias… pero luego echaba de menos el movimiento y la música… así que guardaba lo que había escrito y dibujado y pensaba que cuando fuera mayor haría una película sobre esa historia. A día de hoy, sigo conservando todas las libretas que llené con palabras y dibujos por si algún día me apetece recuperar algunos de esos “cuentos”.

En el fondo, lo que me apetecía era contar y compartir las historias que se me ocurrían a menudo. Y nunca llegué a imaginar que sería la fotografía la que me permitiría contar algunas de mis historias.

Aunque al final no he llegado a ser director de cine como siempre había soñado, eso no evitó que pasara por la universidad de cine ESCAC de Barcelona (actualmente está en Terrassa, creo) y que me licenciara como Traductor e Intérprete por la universidad de Vic.

Durante el verano de 2008 estaba trabajando para la revista online de fotografía WWW.QUESABESDE.COM. Aunque mis funciones allí no tenían nada que ver con la sección de fotografía, me pasaba todo el día escuchando palabras como “réflex”, “obturador”, “full frame”, “objetivo”, “factor de multiplicación”, “Leica”, “Canon”, “Nikon”… y demás jerga fotográfica totalmente incomprensible para mi. Pero eso empezó a despertarme cierta curiosidad hasta que un día estando en un centro comercial vi una Canon EOS 450D que tenía toda la pinta de ser una “réflex” de esas sobre las que todo el día oía elogios… y me decidí a comprarla. No sabía muy bien para qué la quería ni cómo funcionaba, pero la compré… y me cambió la vida.

Lo primero que me llamó la atención fue que con esta cámara se tenía que mirar por el visor y no por la pantalla. Pensé “vaya mierda me he comprado”… y recuerdo que un compañero de trabajo me comentó que solo por ese hecho gente como yo no debía comprarse nunca una réflex. Me acostumbré a mirar por el visor y la verdad es que si ahora tengo que usar una cámara con la que solo puedo encuadrar mediante la pantalla LCD posterior… me pongo de los nervios y me cabreo.

Comencé haciendo las típicas fotos que todo el mundo hace: flores, calles, coches… y me aburría sobremanera. Odiaba hacer fotos de cosas “muertas”.

Entonces un día un amigo que se había pasado horas y horas en el gimnasio me pidió que le hiciera unas cuantas fotos para el recuerdo ya que no nunca volvería a estar tan “cachas” como en ese momento. Se las hice y me lo pasé genial. Descubrí que si en mis fotos no había “alguien”, éstas estaban vacías.

Entonces me interesé por la fotografía de retratos y “moda”. Y fue entonces que descubrí a dos fotógrafos que me mostraron que se podían hacer auténticas maravillas y locuras con una cámara. Los fotógrafos son Akif Hakan Celebi y el famoso y macarra Terry Richardson. Cuando vi las fotos que estos dos genios (cada uno a su manera) hacían, pensé que yo también quería hacer eso. A mi manera también, pero que ese era el camino a seguir.

Me apunté en páginas web sobre fotógrafos de moda y retratos, me puse en contacto con modelos para trabajar y una cosa llevó a la otra. Así conseguí algunas fotos medianamente decentes y entonces algunas agencias se empezaron a interesar por mis trabajos y comencé a ganarme la vida con la fotografía. Entonces decidí que debía probar suerte e intentar hacer de la fotografía mi medio de subsistir.

Pero el “shock” fotográfico más fuerte lo tuve también en 2008, durante el mes de septiembre. Volvía de pasar un fin de semana en Carcassonne y mi pareja y yo nos paramos en Perpinyà para pasear y ver la ciudad. Entonces vi varios carteles de Canon y Nikon colgados por las paredes y unos anuncios de algo llamado “Visa Pour L’Image”. No tenía ni idea de qué iba todo eso pero investigamos y vimos que se trataba de una especie de festival del fotoperiodismo (más tarde descubriría que era uno de los más importantes del mundo).

Nos pasamos el día entero visitando todas las exposiciones del Visa Pour L’Image y cuando vi las fotografías de Christian Poveda sobre las marras de El Salvador y en especial todas las fotografías de los World Press Photo… me quedé sin palabras. Nunca antes había visto nada igual. Algunas imágenes me quedaron grabadas en la memoria y desde entonces, cada año visitamos este festival para ver las que personalmente considero las mejores fotos del mundo.

Aunque me encanta trabajar con modelos y hacer la fotografía que hago, cuando veo lo que hacen ciertos fotoperiodistas con una cámara… me avergüenza tener una cámara y “jugar” a ser fotógrafo. Pero bueno, quizás algún día también pueda ir yo por el mundo congelando en el tiempo imágenes que luego inspiraran a alguien que visite por primera vez el Visa Pour L’Image como hice yo hace tres años.

Al cabo de medio año sentí que mi querida Canon EOS 450D se me quedaba corta y di el salto al formato completo con la 5D Mark II. Me obsesioné con que a mis fotos les faltaba “fondo” y que eran demasiado pequeñas… me faltaba espacio y necesitaba que la foto pareciera “más grande”. Así pues, me pasé al full frame de la 5D y espero algún día poder echarle el guante a una buena cámara de formato medio, aunque tampoco me obsesiona. A mi me gusta disparar a velocidades muy altas y creo que con las de formato medio eso no es posible. Así que de momento los 35mm me bastan.

Técnicamente soy un desastre. Es decir, desconozco la mayoría de funciones que tiene mi cámara y en el fondo me da igual. Me preocupa más el encuadre, el enfoque, el color, la luz y lo que cuenta una fotografía que no todos los aspectos técnicos que en muchas ocasiones solo sirven para distraerte. Sin duda alguna, es esencial conocer algunos detalles del artilugio que tienes entre las manos, siempre ayuda a mejorar tus instantáneas… pero como decía un tal Ansel Adams, la parte más importante de una cámara es la que está detrás de ella (o algo así).

Me gusta preparar las fotos pero también que tengan cierto componente de improvisación y naturalidad. Me gusta hacer fotos y luego mirarlas en la pantalla de la cámara y sorprenderme con alguna imagen curiosa o algún tipo de luz que ha aparecido por allí sin que nadie lo hubiera preparado.

Aunque claro está, todo depende del trabajo que esté realizando. Cuando hago alguna sesión por encargo, intento prepararlo todo al máximo para que no haya errores garrafales. Pero cuando hago fotos para “disfrutar” disparando, entonces ni me preocupo por los aspectos técnicos.

Mi técnica a la hora de fotografiar o disparar es muy simple. Fotografío lo que a mi me gustaría ver en una foto. Ni más ni menos. Intento que haya buena luz, que los colores sean cálidos (odio a muerte los colores fríos) y que el encuadre sea en cierta manera curioso. Ya está, no le doy más vueltas. No me gusta trabajar con luz artificial y creo que eso se nota en mis fotos, la mayoría echas en exteriores y con luz natural. Solo uso de vez en cuando un reflector para iluminar la cara de la persona que tengo delante.

Luego viene el trabajo duro: la edición. Edito mucho, mucho. Revelo digitalmente las imágenes con el programa que ese día me parece más simpático. No tengo preferencias en cuanto a software. Cuando tengo un archivo TIFF o PSD decente lo abro en Photoshop y luego empiezo a jugar con las curvas, los niveles, los filtros, las acciones.

Tengo más o menos clara una idea de cómo quiero que “luzca” una foto… y voy haciendo pruebas hasta que veo algo que me gusta. Y lo que me gusta suele tener un fuerte enfoque de la persona, un desenfoque muy marcado del fondo, un encuadre corto… y colores cálidos y terrosos con mucha luz y poco o mucho contraste, según el café que me haya tomado ese día.

Me gustaría ser más ordenado y tener un flujo de trabajo más definido, pero como decía antes, intento conservar siempre cierto tono de improvisación y sorpresa en lo que hago, aunque según qué proyectos no lo permiten. Cuando trabajo para una agencia o para una campaña de publicidad y tengo indicaciones de cómo deben ser las fotos, me ciño a lo indicado y aunque intento darle mi toque personal, intento que el cliente quede satisfecho y le guste lo que ve.

En cuanto a los aspectos técnicos, uso básicamente la Canon 5D Mark II y un 50mm f1.4. Son mis herramientas de trabajo principales, que en ocasiones complemente con un pequeño reflector y otros objetivos como un 35mm f2, un 85mm f1.8 y un 100m f2.8. Como siempre, voy decidiendo sobre la marcha qué objetivo se adapta mejor a la situación de luz o a la “historia” que me apetece contar con la foto que estoy haciendo.

Soy consciente que mis imágenes se benefician enormemente de la tecnología de programas como Photoshop. Sin el programa de Adobe mis fotos no tendría ni la mitad de gracia… es por eso que le dedico tantas horas a la edición. Además, siempre me ha gustado dibujar y pintar digitalmente y en el fondo veo las fotos como cuadros “reales” a los que debo añadir toques más “artísticos” para que brillen más y luzcan mejor.

Actualmente trabajo para distintas agencias de Europa haciendo campañas de publicidad, fotos de productos y moda, ropa, joyería, etc. y también me dedico parcialmente a la ilustración de imágenes stock. Aunque la mayor parte del tiempo la paso con una cámara en las manos, de vez en cuando también me gusta recuperar el papel blanco y el lápiz y dibujar historias y personajes que no puedo recrear con una cámara de fotos.

Siempre he sido una persona que se cansa de todo muy rápidamente. Cualquier afición que he tenido me ha durado como mucho 6 meses. Con la fotografía no solo he superado ese récord de 6 meses sino que la he convertido en mi forma de vivir y creo que me acompañará durante muchos años más. Es el medio que me permite contar esas historias que escribía de pequeño…

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